La Familia

De las pocas películas que quedan por empaquetar en cajas, que deliberadamente he dejado en las estanterías en previsión de poder ver antes de una posible inminente mudanza, elegí ayer “La Familia” de Ettore Scola. Entre películas nunca estrenadas en España, y que el cine de Scola no es un cine comercial, es difícil hacerse con sus películas, con lo que raramente puedo acceder a toda su filmografía, como a la de tantos otros directores.  Ahora se han empezado a editar alguna de sus películas, pero claro, a precios blindados, a modo de cine exclusivo y residual a la vez, que es lo que tiene cuando no se trata de cine comercial.

Hace tiempo que vi “Una jornada particular”, una relación de 24 horas entre dos personas marginales en la época del fascismo italiano. El día de la visita de Hitler a Roma, solo dos personas permanecen en sus casas en una urbanización romana. Un ama de casa dedicada única y exclusivamente a su marido, el cuidado de sus numerosos hijos y el cuidado de la casa, y un periodista homosexual, perseguido por la represión fascista. Sophia Loren y Marcelo Mastroianni en una película de una sensibilidad excepcional. Esta fue la película que me hizo captar el interés por Ettore Scola.

 
En “Una Jornada Particular” retrata la vida de estas dos personas durante 24 horas, mientras que en “La Familia” hace un retrato social de Roma, e íntimo de cada uno de los miembros de una familia italiana durante 80 años. Empieza y termina el film de forma magistral, cerrando el círculo. Comienza “La Familia” con una foto familiar, con el patriarca, el abuelo, presidiendo la foto, y con el protagonista, Carlo, recién nacido. Acaba la película con una nueva foto familiar, tras varias generaciones, 80 años después, tras la primera Guerra Mundial, el ascenso del fascismo, y la lucha por la reconstrucción social de Italia, con Carlo como abuelo, presidiendo la foto familiar.

La película, está íntegramente rodada en el interior de la casa familiar. Ni un solo plano exterior. Rodada en los estudios Cinecittá de Roma (una de las espinas clavadas que se me quedó al volver de Roma y no tener tiempo de visitar). Es una película de palabras, de relaciones humanas, de amores, de triunfos y fracasos de personas y de un país. Diferentes miembros de una familia se cruzan en un mismo espacio, en diferentes tiempos, con el pasillo frio, de una inmensa casa familiar como hilo conductor, testigo de vidas fracasadas, de amores imposibles, de nacimientos y muertes. Si bien la película está cerca de la representación teatral, el escenario, la casa, cobra vida a través del tiempo, representando el estado y la evolución de un país a lo largo de sus duros años. La casa deja de ser un mero decorado, para  convertirse en el propio país, en la Italia comprendida entre 1906 y 1986.

La música excepcional de Armando Trovajoli, me recuerda muchísimo a la utilización de las melodías de Ennio Morricone en muchas de sus películas. Una melodía emotiva para los momentos más intensos de emociones, y otra melodía más alegre. Hasta los tonos, el compas, la sensibilidad… Coetaneos de la misma profesión, en un mismo país. Era de esperar la similitud.

Tres hermanas condenadas a la soltería, fracasadas en vida amorosa, conocedoras de tenerse las unas a las otras y dependientes de esta última relación. Giulio, divertido, alegre, valiente. Sabe levantarse y recuperarse de la misma manera que fracasa estrepitosamente en sus aventuras en la vida. Carlo, profesor de literatura, al igual que su abuelo, pragmático, cobarde, gruñón, agota su vida casado con Beatrice, de cuya hermana permanecerá toda la vida enamorado. Al nacer Carlo, su abuelo le dirá a su padre: “Carlo es palabra de raíz germánica, que significa hombre libre. Decídselo cuando sea mayor”. Precisamente Carlo luchará en su vida por la libertad personal, rebelde de una sociedad conformista y sumisa, pero que irónicamente permanecerá siempre atado sus recuerdos, a un amor imposible que le torturará durante toda la vida.

Durante estos años, cuando yo no pensaba en ti, y tu no pensabas en mi, hemos tenido momentos felices. Revivámoslos. Para ti será más fácil. Tienes los libros, la política… y sobre todo, les tienes a ellos. Yo estoy sola” le dice Adriana antes de abandonar una vez más la casa familiar después de una escena memorable en la que ya mayores coinciden solos en la casa, y con el silencio rememoran lo que fue y lo que podría haber sido. Recuerdos inexistentes de un amor perdido pero vivo. Todas las palabras que tienen que decirse después de tantos años sin verse, las dice el silencio, las miradas. Y al abandonar la casa, los mismos reproches de siempre.

La tragicomedia. El paso del tiempo. La vida y la muerte en su máxima expresión.

Anuncios

~ por Jon en 14 mayo 2008.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: