Historias desconocidas

Cada vez más, esa capacidad de desconcentrarme de cualquier actividad que realizo se va agudizando con el paso del tiempo. Quizás me haya vuelto más soñador que los días de colegio, de universidad, donde ese descentramiento era producido en la mayoría de los casos por el sopor que me producían las clases en el colegio de curas y por las tremendas resacas que arrastraba a menudo a las clases en la facultad de Bellas Artes.

Quizás también sea ahora más soñador, porque pueda ser esta la única forma de alcanzar ciertas metas, y quizás también me haya convertido en un gran idiota a los ojos del resto del mundo, ya que solo estos mismos sueños me producen una satisfacción personal tan solo comparable a la posible consecución real de los mismos, una fuerte contradicción para alguien tan inconformista como yo.

Precisamente… ya me estaba alejando del propósito real de este post…

Ayer fuimos a ver tres pisos en venta. Me intenté concentrar en las paredes, en la búsqueda de tabiques maestro, en las posibles y casi siempre necesarias reformas, en la ausencia de humedades, pero en pocos momentos lo conseguí, no vi nada de esto, vi tres vidas, tres historias. Exposición, nudo y desenlace,  tres historias diferentes a punto de llegar a un desenlace común.

A la primera casa accedimos a través de un pequeño y poco cuidado patio interior, cuya vista con los colgadores llenos en una tarde fría pero sin lluvia me recordaba a las carreras por las estrechas callejuelas que separan las casas sindicales del barrio cuando tenía 13 años.

Tras alcanzar el segundo piso y abrir la vieja puerta de la entrada me inundó una sensación de tristeza. La ausencia de cualquier tipo de fotografías, libros, de cualquier resto de una historia desconocida me hizo sentir pena.

El gotelé blanco resaltaba entre todos los espacios como única decoración de las altas paredes, con inmensos vacíos en las habitaciones. Vacíos  que se hacen infinitos en soledad. Una mañana, sentada en la pequeña mesa de esa cocina fría y desangelada, con el alma encogida pero sin derramar una sola lágrima acabó por abdicar, aceptando una vida lejos de donde vió crecer a sus hijos y de donde vió morir al hombre que la acompañó hasta hace bien pocos meses. La soledad que nunca quiso creer llegar  la obliga ahora a pasar los últimos años de su vida en casa de su hija, sin sentir las caricias en el brazo de aquella mano fuerte, dolorida, desgastada por años y años de contacto con el metal en las factorías de la margen izquierda, sintiendose un estorbo en la vida de alguien que como ella en su día, consiguió formar una nueva familia, y que ahora la obliga a vender su casa, llevándose sus recuerdos lejos de donde los vió convertirse en lo que son, nada más que recuerdos.

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~ por Jon en 26 enero 2008.

6 comentarios to “Historias desconocidas”

  1. Bufff!!! Pero es bueno tener recuerdos. Sin ellos no seríamos nada. Creo yo. Un saludo.

  2. Lo bueno además es que parece que nunca parece llenarse la cabeza de recuerdos, siguen cabiendo y cabiendo recuerdos…. y además son gratis !!!!

  3. Solo has contado una de las tres historias. La primera me ha encantado, por favor cuenta las otras dos.
    Saludos y enhorabuena por tu blog

  4. Gracias Pilinguiña !!!

  5. Gran historia y, a propòsito quiero decirte que me siento casi exactamente igual que vos, desconcentrado y confundido acerca de que quiero realmente, y empiezo a cambiar ante los demàs y actuar diferente, queriendo seguir lo que sueño pero inseguro tambien, sin saber realmente que es la felicidad para mi, al menos asi lo entendi, es posible que lo haya visto de ottra forma jeje bueno saludos…

  6. realmente estaba muy buena

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