Náufragos

Con la cantidad de agua que caía ayer por la tarde y con el viento tan terrorífico que soplaba, decidí que la película más apropiada para esa noche era “Náufragos” de Alfred Hitchcock.

       Mientras el agua y el viento aporreaban los cristales de mi salón, la chimenea del acorazado se iba hundiendo lentamente mientras aparecían los primeros títulos de crédito. Hacía mucho tiempo que no veía de nuevo “Náufragos”. Hace poco hablaba con unos amigos sobre lo que es capaz de hacer el hombre en condiciones extremas, a cuenta  de unas imágenes indescriptibles de estos últimos días en Kenia.

La película muestra, además de la necesidad de mantener la unidad de los aliados  frente al enemigo alemán (rodada en plena Segunda Guerra Mundial), precisamente esto, las miserias del hombre, capaces de sacar lo peor de nosotros mismos, en casos extremos, algo que por otra parte no hace falta recurrir al cine para encontrarlo en la actualidad. Los críticos de la época pensaron que el efecto conseguido era precisamente el contrario, ensalzar el poder de la raza aria y el concepto de superhombre que los nazis se apropiaron y desvirtuaron de Nietzsche, y que la película serviría al ejército alemán, corte por aquí, corte por allá, en su depredadora campaña publicitaria. ¡Qué gran especie inclasificable la de los críticos de Holliwood!.

 

     Una periodista sin escrúpulos, que a lo largo de la película va perdiendo todo lo que tiene en la vida y representa en ella por la borda, un engrasador narcisista, una enfermera enamoradiza, un campeón de baile de la marina mercante, un camarero negro, una mujer y su hijo muerto, un hombre de negocios, el operador de radio del barco hundido y un capitán de un submarino alemán.  

Nada más subir a bordo de la lancha de salvamento este último y decir sus primeras palabras en alemán en un primer plano, fundido al negro y ya sabemos que este es el hombre va a traer los problemas a la unidad de los supervivientes. Durante estos primeros 10 minutos de película Hitchcock ya nos ha hecho un retrato de cada uno de los protagonistas. Suficiente para darnos cuenta de qué pie va a cojear cada uno. Desde este momento comienzan las hostilididades en la lancha.

 Toda la película se rueda a bordo del bote salvavidas, con la dificultad que conlleva la construcción de los planos en un espacio tan reducido y con nueve personas a bordo, pero se trataba de un desafío técnico que Hitchcock llevaba rumiando incuso sin haber terminado de rodar su anterior película, “La sombra de una duda”.       

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      Evidentemente, la inmensa mayoría son planos cortos, en ocasiones cortísimos, lo que le permite dar una increíble intensidad al dramatismo de los rostros de los náufragos. Si a alguien le surge la imperiosa necesidad de saber que es esto del dramatismo en los rostros en el cine, que se coja cualquier película de Sergio Leone  y dejará de preguntárselo.

 

Siempre me río con los cameos del propio Hitchcock dentro de sus películas. Siempre obsesionado por su físico y su peso (pesaba unos 135 kilos en la época en la que rodó Náufragos entre 1943 y 1944), perdió una tercera parte de este a base de una estricta dieta, y en este caso es desternillante verle aparecer a través de un anuncio de un producto adelgazante en un periódico que se encuentra en la lancha, mediante sus fotografías del antes y el después de ese esfuerzo adelgazante.

 

 Como la mayoría de rodajes de Hitchcock abundan las anécdotas sobre su persona y el reparto. Esta me encanta por su espíritu “Grouchiano” si se permite la expresión. Mary Anderson, que interpretaba a la enfermera del ejército en el boto de los náufragos, era en aquel momento una actriz a punto de ser catapultada por los estudios de la Fox que esperaban de ella una carrera brillante,

 pero cuya interpretación no convenció a Hitchcock en absoluto, al que junto al director de fotografía solo pensaba en complacer. Al preguntarle a Hitch sobre su perfil fotográfico:

 

Señor Hitchcock, ¿Cuál cree que es mi mejor lado? le preguntó.

Querida – le respondió Hitchcock sin mirarla- está usted sentada sobre él.”

 

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~ por Jon en 16 enero 2008.

2 comentarios to “Náufragos”

  1. Qué gran película, que gran dramatismo de las expresiones como dices, más propias de interpretación teatral que cinematográfica.

  2. Desde luego !!, es más, Tallulah Bankhead, que en la película está que se sale (es la periodista), era actriz de teatro, no de cine.

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