La maldad de las personas no tiene límite. A gente como esta les metía yo a todos en la carcel. Ayer por la tarde, al salir de casa para dar un paseo y estirar las piernas, le encontré recostado a la puerta de la casa del vecino de enfrente. Hay que ser malnacido para hacer algo así. Como a un perro, como a un hijo que no quiere merendar y le dejan en el descansillo hasta que una vez habiendo terminado de lloriquear suplica por favor que le dejen entrar en casa, que se lo va a comer todo sin rechistar.

¿Qué te ha podido hacer para que lo abandones así a la puerta de casa?. Él, que siempre está cuando le necesitas, después de comerte un perolo de cocido montañés, cuando entras en casa a las 6 de la mañana hinchado a Kalimotxo y Dyc con cocacola. Cuando tienes la vejiga a reventar, y encima después de comer espárragos. Siempre está ahí, con las puertas abiertas, soportando tu cara de culo, tus deposiciones, tus flatulencias.
Al volver a casa abracé a mi amigo y entre lágrimas le juré que nunca le abandonaría.
Ingrato, cagón. Devuélvele la vida.