Me he acordado de las fotos de Egipto y he decidido rescatar un post que escribí hace más de un añito sobre el Cairo para el blog La Ciudad Creativa, el cual por cierto se encuentra con graves problemas de salud, e incluso no se si ya ha dejado de respirar.
Ahí va…
Al-Qāhira

Ciudad en mis pensamientos, ciudad en mis sueños, en los libros, en las guías.
Rompe con todo lo preconcebido y asimilado a través de las lecturas, de lo contado por otros. Deja de ser ciudad nada más poner un pie en sus calles. Caos, aroma dulzón de shishas exprimidas al máximo por el aliento, roto por el fuerte olor a ciudad marcada.
16 millones de humanos repartidos en tierra de nadie y de todos, arena, piedras, asfalto quebrado. El milímetro aprovechado. Quimera paleontológica. Ombligo del mundo musulman.
El Cairo, un mundo de mentiras y verdades absolutas, en Blanco y Negro, de fe traicionera, de promesas esperpénticas. Represiones dulcificadas con aroma de Karkadé.
Jovenes universitarios, soñadores de anhelos europeizados. Ciudad contemporanea, a la espera de algo, sin saber el qué. Rostros duros, curtidos por el calor, por la esperanza, rodeados de un arte milenario.
Miradas imposibles de olvidar, dramas escondidos, súplicas, sonrisas infantiles. Carcajadas. Ciudad de compinches.
Nada es gratis en el Cairo. Un euro por 10 marcapáginas, un euro por agua, un euro por una fotografía, un euro por nada, nada por un reproche.
Una vez de vuelta solo piensas en volver, en recuperar el sabor del polvo cairota. De la alegría desbordada de sus gentes. No puedes dejar de pensar en ella. Volver a sus historias callejeras, al paso tragicómico del tiempo.
Solo por volver a ver esos ojos, esas miradas cómplices escondidas debajo del hiyab, esperando solo una sonrisa.
Todas las noches vuelo de nuevo al Cairo.
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