Llevo varios días demasiado crítico y con lecturas demasiado estimulantes para las neuronas. Vamos a volver al tema de viajes y unas cuantas fotos. A ver si en un par de días o tres termino con el viaje de Semana Santa.
Ya ni me acuerdo donde me quedé. En Treguier creo. Uno de los mejores descubrimientos de la Bretaña fué gracias al azar y nuestra habilidad para perdernos por carreteras intransitables. Tengo un sentido especial para las travesías en círculo. “Coño, si por aquí hemos pasado hace media hora”. Salida y meta en el mismo punto. Plougrescant en este caso.

En Plougrescant ni paramos. La joya de este lugar son sus alrededores, unos pocos kilómetros de tierras inhóspitas y salvajes. En nuestro afán por bordear al máximo la costa conducimos por acantilados, playas rocosas, paisajes desoladores, prados de hierba pelada. Cotê de Ajoncs es un lugar estremecedor. Por momentos lo más parecido al fin del mundo (de todos los fines del mundo que me he imaginado, claro). Un vendabal infernal, un frío invernal. La Mar completamente revuelta por el viento. Tierra, Roca, Sal. La hierba marrón por efecto del azote del viento, del salitre. Salir del coche, una auténtica aventura, aún a sabiendas de estar completamente solos miras hacia todos los lados pensando en que algo se te puede caer encima. Las gaviotas descansan bailando sobre las crestas sin rumbo sin poder levantar el vuelo. Las pocas que se atreven no avanzan y descienden de nuevo. El sonido de las espuma rompiendo en las rocas y su retroceso haciendo chocar los miles de guijarros.

Un ruido rompedor. Paisaje lunar. Ciertamente al bajar del coche pienso que no puede existir nada más allá. No escucho nada, pero se oyen ruidos naturales entremezclados. Ensordecedores. Agarro la cámara con fuerza por miedo a que salga volando. Siento un azote en la cara estremecedor. El viento parece colarse dentro y me deja un vacío enorme. No pienso en nada, solo siento.
Doy media vuelta y empiezo a andar hacia el coche. Veo una cabecita mirándome desde dentro. Ha decidido no bajar más con ese viento furioso. Normal. De esa forma solo disfrutan los locos. Debe pensar que estoy tarado. Me siento minúsculo pero grande a la vez. Subo el coche y me doy por satisfecho. Estos son los momentos que me hacen dar por amortizadas unas vacaciones.

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