Esta mañana me he despertado con la ya cansina y enésima noticia de que esta vez el Cardenal de Toledo vuelve a desenrroscar la lengua para soltar arengas contra todo aquello que huele a otra postura que no sea la del “procatolicismo”. Esta campaña “moralizante” me recuerda a la fantástica y malograda campaña política del PP de hace unos años en el País Vasco en la que a todo lo que olía de lejos a vasquismo (no ya a nacionalismo) lo tildaban casi de proetarra. Desde luego y como no podía ser de otra forma, se dieron una hostia como un piano en las elecciones.
La iglesia no es que se vaya a dar una hostia en las elecciones, porque gracias a dios y nunca mejor dicho no se pueden presentar, es que hace tiempo que dejaron de dar muchas hostias en misa, y es que cada vez y de forma más alarmante para ella, las iglesias están medio vacías salvo en bodas, funerales y comuniones, y sus espectadores, teniendo en cuenta que jóvenes lo que se dice jóvenes no quedan muchos practicantes de la fe, dentro de unos años tenderán a desaparecer… Los jóvenes tenemos cosas bastante más importantes en las que preocuparnos. Ahora las hostias parece que las prefieren dar a través de los medios de comunicación, como si fueran portadores de la verdad, de una verdad que se han construido al ver su propia institución en peligro de extinción. Quizás con todo el dinero que llevan acumulado puedan incluso intentar comprar almas a ver si de esa forma consiguen mantener al menos media entrada todos los domingos.
Hace tiempo que dejé de identificarme con la iglesia y sus valores arcaicos. De ética y moralidad de esta institución prefiero ni hablar.
El único cardenal que me ha interesado en la vida desde luego era el cardenal Richelieu de las novelas de D´Artagnan de Alexandre Dumas. Sobre todo en su versión de “Los tres mosqueperros”
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