
Llevo gran parte del día con el estómago revuelto, con una sensación de nervios y malestar producida por quizás cosas que no me debieran afectar demasiado, y más cuando la vida te regala otras cosas, momentos o personas que hacen que el resto se convierta en minucias, en simples guijarros planos a lo largo de un sinuoso camino del cual no llegas a ver el final.
Este dolor en el estómago se me ha intensificado esta tarde, no puede ser que además de lo mío, me afecte todo lo que me rodea, porque entonces esto se convierte en un sinvivir, pero es inevitable que no me quede indiferente ante las imágenes de miles de palestinos cruzando desesperadamente la frontera con Egipto en busca de alimentos, agua, medicinas, vida.
Para echarse más mierda encima, el gobierno de Israel culpabiliza a Egipto de este exilio por dejar pasar por sus fronteras a miles de personas hambrientas. Ellos hubiesen preferido mantenerlos encerrados juntos, hasta que revienten, hasta que se mueran de hambre, hasta que se maten unos a otros, un genocidio con todas las letras pese a quien le pese.
Solo puedo calificar de CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD el castigo que Israel está infringiendo a Palestina. Solo puedo calificar de CRIMEN CONTRA LA HUMANIDAD el soporte, y colaboración enmascarada que el gobierno de ee.uu, con letra pequeña, está realizando a lo que parecen ser sus colegas de Israel. Siento jodida vergüenza de que la ONU se siente a debatir sobre lo que está aconteciendo estos días en Gaza. Debatir en un caso como este significa perder tiempo, significa que cada minuto que pasa se pierden vidas en hospitales por falta de electricidad, se pierden vida en las calles por falta de alimentos, pero sobre todo se pierde la esperanza de una vida con garantías entre todos los ciudadanos de Gaza, y se pierde la esperanza de un futuro prometedor. Se pierde un poco más la esperanza de que en un futuro la Humanidad pueda arreglarse mediante el uso de la Razón que tanto nos debería diferenciar de los animales.
Los que no sepan lo que es, lo que significa un éxodo, que vean las dramáticas fotográfias del fotógrafo Sebastiao Salgado en sus libros “Éxodos” y “Los niños del éxodo“.
Igual habría que repartir un volumen a todos y cada uno de los miembros de la ONU.